Dalia Farías, ex alumna de Educación Diferencial (Especial) PUCV: “Somos la voz de los que tienen más dificultades”

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“Los primeros 2 años fueron muy difíciles, pero luego empecé a entender y empatizar, y entendí que ellos también necesitan de mí profesionalmente”, cuenta Dalia Farías Pacheco, ex alumna de Educación Diferencial (actual Educación Especial) de la PUCV, sobre su llegada al Norte del país.

Uno de los temas que más llamó su atención fue el fenómeno de la migración que se da “de manera potente hace varios años allá. La mayoría de los colegios de Alto Hospicio son vulnerables y con alta presencia de migrantes (bolivianos, colombianos, venezolanos, peruanos) y aymaras. Tienen formas de vivir, crianza y roles parentales que muchas veces difieren, lo cual plantea el desafío de trabajar con esa diversidad de familias”.

Oriunda de Quintero, tras egresar en el año 2008 y trabajar en las regiones de Valparaíso y Metropolitana, el año 2011 decide emigrar a la Región de Tarapacá donde se desempeñó en la Escuela Los Algarrobos de Alto Hospicio y posteriormente en el Liceo técnico profesional Fundación Educacional Nirvana del Alto Hospicio, donde -desde el año 2017- es parte del equipo directivo y coordinadora del Programa de Integración Escolar, teniendo a su cargo a 15 personas y 220 estudiantes.

“Ha sido un desafío muy grande y bonito a la vez. He aprendido cosas que en la universidad no se piensan ni se proyectan, pero ese sueño de cambiar las cosas se vuelve realidad. Se trabaja con un equipo directivo de diversas áreas, por lo que el crecimiento profesional es muy enriquecedor”, releva.

Re-encuentro con la PUCV

El año 2017 llegó a su establecimiento el Centro de Educación Inclusiva que lidera la PUCV a trabajar junto a ellos en torno a protocolos para recibir a los inmigrantes que asisten a su escuela. “No había seguimiento de los alumnos, la tasa de deserción es alta en los extranjeros y en 1º o 2º medio, lo cual se vincula a las necesidades socioeconómicas de las familias y el trabajo infantil/adolescente”, comenta Dalia.

Por eso, y tras un largo tiempo de análisis y búsqueda de acuerdos, están trabajando en dichos protocolos y con programas de retención escolar para orientar a las familias sobre la importancia de finalizar la etapa escolar.

Actualmente, junto a los profesores de la carrera de Educación Especial PUCV e integrantes del Centro de Educación Inclusiva Dominique Manghi y René Valdés, avanzan en estos retos.

“Ha sido un trabajo muy favorecedor. Me gustaría fuese más cercano aún, pero sé que hay un tema de distancia. Ha sido un vínculo bastante bonito y profesional. Nos dimos una vuelta larga para ver el foco de investigación y aporte del Centro en el colegio. También pasó que los primeros resultados no a todos les gustaron mucho, porque había una crítica bastante potente, pero yo tuve que mediar para ver la importancia de que alguien de afuera aporte con su mirada. Si no quiero escuchar, ¿cómo voy a mejorar? Ahora se tomaron encuestas sobre el sentir de los estudiantes, sobre su familia, a los docentes si eran conscientes del ingreso de alumnos extranjeros y en octubre se analizan los resultados. Luego, se crea el protocolo de acogida para los alumnos y sus familias”, detalla.

Recuerdos de Educación Diferencial PUCV

Dalia Farías recuerda su paso por la carrera como “de alta exigencia. Eso me ha servido en cómo me gusta hacer las cosas laboralmente, buscar siempre la mejora, eso lo aprendí en la carrera”.

Agrega: “siempre me he sentido orgullosa de estudiar en la PUCV y la carrera que elegí. Lo mío fue 100% vocación. De niña quise estudiar Educación Especial, ya que estaba en un colegio que tenía asociadas casas de acogida para personas con discapacidad intelectual”.

Dentro de las experiencias que tiene grabadas en su memoria, está el caso de una escuela de escasos recursos ubicada en un cerro de Viña del Mar, donde las profesoras compraban útiles y pañales para los niños, ya que sus familias no podían sostenerlos económicamente. “Habían familias que no podían cubrir necesidades básicas y admiraba a esas profesores que, además de enseñarles, se preocupan de los factores sociales y emocionales. Eso me convenció que yo quería aportar no sólo en términos de aprendizaje”, dice.

También rememora a docentes que la marcaron, especialmente a las profesoras Katia Sandoval, Cristina Julio y Carmen Díaz, en particular el ramo “Introducción a la Educación Diferencial” que impartía la profesora Carmen Díaz. “La profe no tenía pelos en la lengua y siempre decía: este es su primer año y yo las debo preparar, así que quien no tiene dedos para el piano mejor estudie otra cosa. Los que no llegan acá por vocación, no llegarán al final, y yo creo que tenía razón”, señala.

Finalmente, Dalia comparte un mensaje para quienes hoy cursan la carrera de Educación Especial: “hay que ser fuerte, no es fácil terminar esta carrera. Yo la veo como la Ingeniería de las Pedagogías, porque aprendes desde Medicina a Psicología, nos metemos en Neurociencia, y desde allí hay que ser el/la mejor profesional. La Educación Especial es hermosa, cuando lo vives de corazón te hace feliz. Hay mucho por hacer en Educación Especial, estamos siendo cada vez más importantes. Debemos hacernos visibles para mostrar nuestra área y aportar desde nuestra voz, porque finalmente somos la voz de los que tienen más dificultades. Debemos lograr encajar con la educación general y hablar de una sola educación, que ya no me llame la atención que tenga un compañero con una discapacidad motora o nivel cognitivo más bajo”.

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