Opinión: Emergencia sanitaria: a escuchar las alertas del profesorado

Camila Belaustegui

Por: Camila Belaustegui Irribarra

Magíster en Educación mención Evaluación Educativa PUCV

La crisis producida por la pandemia COVID-19 ha significado que como especie tengamos que reorganizar nuestros procesos cotidianos y prácticas sociales con el fin de resguardarnos ante la emergencia sanitaria. Ha sido necesario modificar nuestras prácticas laborales, familiares y sociales, lo cual implica diferentes desafíos, dependiendo de las áreas donde nos desempeñamos. Para la docencia, profesión que está ligada al trabajo con otros, los cambios en los procesos de enseñanza y aprendizaje han levantado retos que podemos analizar gracias a investigaciones desarrolladas durante este año que fueron sistematizadas por la Red ESTRADO (Red de Estudios del Trabajo Docente) y OPECH (Observatorio Chileno de Políticas Educativas), a partir de las encuestas realizadas por el Instituto de Informática Educativa-UFRO junto a otras instituciones; EligeEducar; EducarChile; Fundación Chile en conjunto a EducarChile y Circular HR; y los resultados aún no publicados de la encuesta realizada por el Centro de Investigación para la Educación Inclusiva (Eduinclusiva), Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE) y EduGoblal.

Estos resultados nos muestran tres focos principales que problematizan la labor docente: “la percepción de sobrecarga laboral junto con la superposición de roles laborales y familiares; preocupaciones concernientes a aspectos socioemocionales; y apoyos insuficientes para realizar de buena manera el trabajo a distancia” (Red ESTRADO y OPECH, 2020: 5). Preocupaciones que, si bien pueden ser compartidas por otros trabajadores, llaman la atención según el estudio de Fundación Chile, EducarChile y Circular HR (2020), porque en comparación con otros perfiles profesionales, los niveles de agotamiento laboral entre profesoras y profesores son mayores con una diferencia estadísticamente significativa, entendiendo el agotamiento laboral como la “sensación de desgaste y fatiga crónica asociados al estrés, que dificulta la activación en el trabajo y el logro de niveles estables de desempeño. En niveles extremos y sostenidos en el tiempo, puede llevar a que las personas desarrollen sintomatología clínica como el burnout laboral” (p.11). Además, esta situación se enmarca en un contexto particular donde se desenvuelve el profesorado, quienes con anterioridad han levantado voces que exponen el agobio laboral al que se ven expuestos/as, que también ha sido documentado en diversas investigaciones.

En este marco, el 91% del profesorado establece como prioridad educativa el bienestar de sus estudiantes (EligeEducar, 2020) y un 73% señala que ante un eventual regreso presencial a la escuela, una de sus principales funciones será actuar como pilar emocional de las y los mismos (EducarChile, 2020), pero precisamente en torno a los datos nos preguntamos, en estas condiciones de estrés y sobrecarga laboral ¿es posible que las y los educadores sean soporte emocional de sus estudiantes y actores significativos en los procesos de enseñanza y aprendizaje?, ¿cómo generar estas condiciones si las y los educadores se sienten sobrepasados con su labor profesional? La emergencia sanitaria puede generar una instancia para que la escuela se piense a sí misma y se abran espacios para que el profesorado pueda ejercer su labor educativa en las condiciones necesarias para desempeñarla. La preocupación por la continuidad de los aprendizajes y el cumplimiento de los objetivos curriculares no puede ser superior a la preocupación por los sujetos mismos que construyen la escuela, puesto que es con ellas y ellos que deben enfrentarse estos desafíos.

La pandemia que estamos viviendo nos da la oportunidad de generar instancias innovadoras desde lo pedagógico, de reconstruir o reforzar los lazos dentro de la comunidad educativa, de pensar por qué, para qué educamos. Es una instancia que nos permite salir de las lógicas de accountability o rendición de cuentas por parte de la escuela, a replantearnos cómo evaluar y qué tanto conocemos a quienes componen los centros educativos. Dentro de la incertidumbre actual, cada disciplina nos permite plantear formas de comprender el mundo, de abordar los problemas que vivimos, de aprender cómo generar nuevas situaciones educativas, o puede ser una instancia para cumplir con el check-list y vaciar de sentido los procesos de enseñanza y aprendizaje.

Es necesario escuchar al profesorado que alerta una crisis y solicita apoyo para sobrellevarla, puesto que, incluso en este marco, un 80% dice requerir instancias formativas (IIE-UFRO, 2020). Estas cifras presentadas visibilizan a una comunidad docente que, aunque está agotada, su principal preocupación son los estudiantes; sus vidas, sus familias, su salud, su emocionalidad, su aprendizaje. Por esto, es primordial escuchar a las y los docentes, escuchar a las escuelas. Darle espacios al profesorado para desenvolverse profesionalmente con autonomía y entregar los apoyos que solicitan quienes han estado constantemente desarrollando soluciones en pos del bienestar social, afectivo y académico de sus estudiantes.