Verenna Aeschlimann, ex alumna de Educación Parvularia PUCV: el desafío de liderar un espacio educativo

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Tras 4 años de ejercicio profesional, la ex alumna de Educación Parvularia PUCV Verenna Aeschlimann Carvajal dirige la Escuela Libre Pankar, un espacio educativo que se define como enmarcado en el respeto y buen trato, a través del Método Lefebre Lever.

Según cuenta, tras trabajar en un jardín infantil de Integra conoció la metodología alternativa Lefebre Lever, creada por una profesora chilena y que se considera un espacio educativo familiar creado desde la convicción de una educación respetuosa de las diferentes familias y profesionales que se unieron en la realización de este proyecto.

Verenna estaba ejerciendo en otro espacio educativo bajo esta metodología, pero decidió renunciar pues no estaba conforme con las condiciones laborales del lugar. Lo que no esperaba era que sus 10 estudiantes junto a sus familias quisieran irse con ella, así nació Pankar.

“La idea es tomar el curso y continuar con ellos hasta cuatro medio. Se sustenta en el vínculo del apego aplicado en la educación, donde cada profesor es consiente del vínculo que se genera entre profesor-alumno”, comenta.

Este 2019 es el segundo año de funcionamiento de Pankar y posee alumnos de pre kínder a séptimo básico.

Desafíos

Uno de los mayores retos de liderar el proyecto educativo ha sido preocuparse por el adecuado desarrollo de los temas administrativos y entregar al profesor el respeto y cuidado necesario.

“En los espacios privados, el apoderado tiende a tener el trato con quien firmó el contrato y a veces se pasa por alto al profesor, que es la persona con la cual debe tener la confianza. He aprendido a dar el voto de confianza por los profesores, porque ellos se esfuerzan por hacer del espacio un lugar feliz”, señala.

Respecto a los niños/as, cuenta que cada vez la sorprenden más son sus habilidades y reflexiones. “Se acostumbran a la mediación de los adultos que da el espacio para sus problemas, para reflexionar y ser parte de su propio aprendizaje. Por ejemplo, señalar si no les gustó el libro sugerido por el plan lector. Nos damos el espacio para poder escuchar, si al final lo que nos interesa es que lean. También es un acto de empatía del profe a los niños. Ellos nos desafían a adaptarnos a sus gustos, ritmos y estilos de aprendizaje”, expresa.

Otro tema relevante es estar atentos a posibles situaciones de vulneración de derechos, donde el espacio educativo debe velar por el bienestar de los niños/as y ser consecuente con lo que promueve.

Paso por la PUCV

Verenna Aeschlimann destaca la formación recibida en Educación Parvularia PUCV, a través de reflexiones y herramientas en torno a la importancia del juego y el potenciar su liderazgo.

“Le diría a quienes se forman en la carrera que hay aún harto camino por delante. Una de las cosas que más valoro de la universidad es haber aprendido en la realidad, porque las educadoras de párvulos muchas veces somos vistas como el último pelo de la cola y está el mito que vamos a recortar papeles a la sala de clases… Y aunque la carrera ha sido ninguneada, uno puede hacer más. Salimos bien empoderadas de la PUCV y nos creemos el cuento. Por ejemplo, yo actualmente dirijo un espacio educativo… La carrera te empodera de una manera que descubres que tu ámbito de acción va más allá del jardín infantil. Te abre un mundo y ese es el sello de la carrera”, manifiesta.

Hoy recuerda con especial afecto a profesoras como Carola Rojas, con quien estableció una “conexión de convicciones”, y la posibilidad de que educadoras en formación puedan ir a conocer y aprender de la experiencia de Pankar.

“Si me preguntaran dónde volvería a estudiar diría que la PUCV, porque fue una muy buena experiencia desde el empoderamiento, la formación valórica y académica, además hay profesores que se toman en serio el formar profesionales para las generaciones de hoy en día”, finaliza.