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Aprender fuera del aula: ¿qué hacemos los docentes?

Aprender fuera del aula: ¿qué hacemos los docentes?

Dra. Marcela Jarpa Azagra

Directora Escuela de Pedagogía PUCV.

La pandemia ha transformado los contextos de enseñanza y aprendizaje no solo por el uso de plataformas y la necesidad de considerar condiciones diferentes a aquellas para las cuales el currículo fue diseñado, sino también porque existen aprendizajes y competencias que cobran mayor relevancia en el actual contexto y que además están disponibles a nuestro alrededor.

Escribir un WhatsApp para saber cómo está una amiga, leer las noticias en Twitter, buscar en la Web información distinta a la que transmiten los canales de televisión, hacer un Vivo en Facebook, un Reels en Instagram o grabar un video en YouTube o Tik Tok son todas formas de comunicación que movilizan las habilidades de lectura, escritura y oralidad  de los niños y jóvenes y todo esto fuera del aula.

En Chile alrededor de 25 millones de personas cuenta con conexiones móviles, de ellos 16 millones son internautas activos. ¿Qué nos dicen estas cifras?, que hoy la gran mayoría tiene acceso a la red, por lo tanto, nuestras experiencias como lectores y escritores ha dejado de ser una actividad desarrollada exclusivamente en la asignatura de Lenguaje y se ha transformado en una oportunidad de aprendizaje vicario. Es así como nuestros niños y jóvenes autogestionan su conocimiento de acuerdo a sus intereses, pudiendo aprender en línea desde cómo hacer una cápsula de video hasta hablar chino mandarín.

Esta realidad modifica y desafía nuestra tarea docente, pues ahora competimos con  herramientas informáticas que asesoran a los jóvenes internautas. ¡Nada que hacer!, no podemos luchar  contra eso. Pero sí hay algo que la web no hace y nunca hará: propiciar un espacio integral y único de aprendizaje, con atención personalizada y centrada en el aprendiz y sus necesidades. Para ello podemos: i) averiguar los intereses de nuestros estudiantes, conversar con ellos; ii) elegir buenos recursos para trabajar en clases y así mantener su interés; iii) animarlos a buscar en diversas plataformas la información que necesitan;  iv) enseñarles a usar los recursos digitales y discriminar; v) animarlos a contar en clases que más hacen, sus aficiones; vi) dejar que ellos hablen, hacerles preguntas.

El aula se expandió y con esto se multiplicaron las experiencias de innovación: si hay que enseñar un texto instructivo veamos su potencial: ya no solo se escribe la receta, sino que también se graba el video de ésta e incluso se puede compartir en un espacio virtual creado por el profesor, comentando la experiencia del compañero, dando likes y subiendo fotos. De la misma manera, leer un libro o un cuento pueden  ser una oportunidad para convertirse en booktubers o cuentacuentos.

El aprendizaje formal y el rol y alcance de los profesores ha cambiado. Con esto no digo que los profesores no seremos necesarios, de hecho esta pandemia dejó en evidencia que somos imprescindibles en la conformación sociocultural y económica de un país. Pero esta nueva realidad precisa que los especialistas (y no otros) tomen una serie de decisiones con nuevos enfoques curriculares y didácticos, utilizando recursos que desafíen las formas de aprender y enseñar, entregando nuevas posibilidades a los sistemas escolares, los centros educativos, las familias y a los docentes.

La formación de profesores en la Escuela de Pedagogía de la PUCV ha considerado estos y otros factores que nos permiten proyectar una pedagogía transformadora, que se compromete con los cambios sociales y culturales que nuestro país y sus ciudadanos necesitan, tomando como eje orientador el trabajar incansablemente por construir espacios educativos inclusivos, pacíficos y con el resguardo una justicia social para todos.

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