Cuando escribir se transforma en una oportunidad para expresarnos y reencontrarnos

Marcela Jarpa

Por: Marcela Jarpa Azagra

Profesora carrera de Educación Básica PUCV

Hoy una amiga me mandó un cuento de su hija de 10 años que va en 5º Básico. Sinceramente, fue una de las cosas emotivas que me ha pasado en estos 37 días de autoconfinamiento. Al leer su texto fue posible ver no solo lo que estaba pensando, sino también lo que estaba sintiendo. Con palabras simples, una narración simpática, sincera y sin tabúes ortográficos, ella contó “su cuento” de la cuarentena. Mirar el mundo desde las letras de un niño puede ser una experiencia iluminadora e incluso sanadora, sobre todo en medio de esta pandemia.

Una de las tantas potencialidades de la escritura es ser un excelente recurso para expresarnos y dejar salir lo que tenemos dentro. Se suele hablar de la escritura expresiva como una herramienta terapéutica para personas que hayan vivido experiencias estresantes o traumáticas, pues entrega la oportunidad de escribir sobre los pensamientos, emociones y sentimientos más profundos relacionados con esa “mala vivencia”. Además, tiene efectos positivos en la salud de las personas, ya que disminuye el estrés, potencia el autoconocimiento e incluso mejora el funcionamiento del sistema inmune. ¡Sí, todo eso con el solo hecho de escribir! Entonces… ¿qué estamos esperando? ¡Manos a la obra!

Busca un momento del día en donde te puedas sentar tranquilo y sereno con tu hijo, tu hermano(a), tu pareja, tu mamá, en fin, con quien quieras vivir esta aventura. Pídele que te escriba algo. Tú también puedes hacerlo, es más, sería excelente que ambos se escribieran. Puede ser una carta, un cuento, un poema, un comic …lo que más les guste. Lo importante es que sea a conciencia y que les permita una introspección de lo que están viviendo. Escribir por un periodo de 15 o 20 minutos, por dos o tres días, puede ayudarlos a sentirse mejor y acercarnos a esa persona que amamos.

Esta experiencia que les comento ha sido ampliamente utilizada y estudiada desde finales de los años setenta hasta nuestros días (Pennebaker & Beall, 1986; Pennebaker et.al., 2001; Lepore & Grenberg, 2014). Incluso hay hallazgos que muestran que aquellas personas que tuvieron efectos positivos en su salud habían utilizado más palabras relacionadas con emociones positivas, un número moderado de palabras vinculadas a emociones negativas y un mayor número de palabras relacionadas con el procesamiento cognitivo de la experiencia (utilizaron palabras como “comprender” o “darse cuenta” y conectores causales como “porque”).

En este sentido, y siguiendo a Adrián Montesano, académico de la Universitat Oberta de Cataluña, la escritura expresiva ayuda a clarificar e interiorizar lo que ha pasado, pues las personas somos seres narrativos y, por lo tanto, muchas veces nuestro bienestar dependerá del grado en el que podamos manejar tensiones vitales de nuestra vida, permitiéndonos reencontrarnos con nosotros mismos y explicar a los demás quiénes fuimos, quiénes somos y quiénes queremos ser.