¿Cómo incentivar a los niños a interesarse por la lectura y mejorar la comprensión de lo que leen?

Andrea Bustos

Columna de Opinión

Dra. Andrea Bustos Ibarra

Profesora Escuela de Pedagogía PUCV

Cuando hablamos de mejorar la comprensión lectora usualmente hacemos un silogismo: mientras más se lee, más se mejora. Por ello es una gran preocupación de las escuelas y familias que esta actividad se transforme en un hábito –que ojalá evite la obligación- y que asegure que esta capacidad de comprender se desarrolle óptimamente.

Una arista para abordar el problema se plantea desde “lo que se lee”, es decir, la relevancia de las temáticas para estimular este hábito de leer.  Esto tiene parte de razón pues las temáticas que se relacionan con el para qué leemos suelen ser más gratificantes: leemos para divertirnos, curiosear, emocionarnos, aprender, solucionar un problema.

Una cuestión compleja es que en muchas ocasiones más que una meta propia, debemos leer por una motivación externa: para responder a un informe o completar una actividad escolar. Y ahí, la tarea se pone cuesta arriba y evitamos todo lo posible esa lectura. En el caso de la escuela pareciera que la solución estaría en leer textos “interesantes” o “actuales” y dejar de lado los clásicos como el Mio Cid y optar por textos de temáticas más relacionadas con los intereses de niños y jóvenes.

Quienes hemos estado en la escuela sabemos que habrá estudiantes que no querrán leer y una explicación está en lo que podemos denominar “el nivel de  demanda”. La tarea de comprender es de una complejidad de la que solemos no estar conscientes: implica leer palabras a una precisión y velocidad tal que le permita a la memoria de trabajo no consumir todos sus recursos en ello, vinculando las partes del texto (a más párrafos, más demanda) y relacionando con lo que se sabe (integrar información textual con el conocimiento de mundo). Y podemos advertir algunas dificultades: leer palabras (gran desafío de los niños de los primero cursos), comprender oraciones, tener el vocabulario adecuado, contar con la capacidad de vincular un párrafo y otro siguiendo algunas instrucciones del texto y, al mismo tiempo, saber de la temática que se está leyendo y relacionarla con lo nuevo leído. Esto, además, habrá de hacerse en textos lineales y multimodales (con imágenes, diagramas, tablas, gráficos, etc.).

En lectura hay un fenómeno denominado “efecto Mateo” de Cunningham y Stanovich (1998), que se toma del pasaje bíblico que describe el fenómeno del rico que se hace más rico y el pobre que se hace más pobre (Mateo, 25:29). En el caso de los lectores menos hábiles, se exponen desde un principio a menos textos que sus pares más hábiles lo que nos hace volver sobre la necesidad del hábito. Por tanto, daremos una última vuelta que nos lleva a un punto crítico: si algo me es tan complejo, ¿qué posibilidades hay de que lo haga repetidamente para ser experto algún día? Pues no habrá temática que me sostenga frente a algo que me implica un esfuerzo sostenido y muchas veces con un resultado frustrado. Esto último puede suceder con la lectura para aprender ciencias naturales, filosofía,  historia o un problema matemático. Se requiere la colaboración de un experto que ayude en lo que no se puede aún hacer solo por conocimientos y/o habilidades.

La salida es conmensurar la tarea. ¿Qué puede hacer la familia? Leer a los niños y niñas sin parar en temáticas de su gusto: cuentos, revistas, comics, como práctica que les permita aumentar vocabulario, estimular la sintaxis, acumular conocimiento previo; hacer lectura sostenida con la ayuda del experto adulto. ¿Y con los mayores? Trabajar en los modos de leer prestando la conciencia del experto al aprendiz: qué vamos a buscar, por qué es relevante, cuándo diremos que hemos comprendido; tener metas compartidas claras y justificadas.

La tarea de leer, incluso el Mio Cid, puede ser un disfrute si consideramos ajustadamente lo que el aprendiz puede efectivamente hacer solo y lo que requiere de ayuda para que la demanda sea ajustada cognitiva y motivacionalmente como desafío y tengamos más posibilidades de que repita la actividad de leer una y otra vez.